El valor de dar
El valor de las personas se construye con el tiempo, con la experiencia y la tenacidad del esfuerzo. Pocas son las personas que se quedan en el mismo lugar, pocos son los que involucionan o los que se conforman con vivir dentro de su espacio de confort, viviendo de lo que otros les entregan. En general las personas siempre están buscando algo más.
De quienes han comprendido que la evolución empieza por uno mismo, se dice, que ellos ya entendieron de qué va la vida. Aquel que desarrolla su carácter, que construye un propósito y ha logrado estabilidad emocional, está en el camino. Pero ese trayecto no tendría sentido si esa experiencia no se comparte, no se ofrece o se entrega a otros. El éxito cuando no se expande, es estéril.
Para Nietzsche, “el dar adquiere un valor supremo en la figura del Superhombre como un acto de caridad cristiana, como una expresión de abundancia, autoafirmación y creación de valores propios”. Para Borges, “el dar es fundamental, no por una recompensa, sino por el acto mismo de dar, usando la vida, sus penas y alegrías como materia prima para el arte, destacando el valor de la gratitud y la aceptación de los dones de la vida, incluso la ceguera o la sordera, como herramientas para la creación y la comprensión del universo”.
Tomando estas ideas como inicio, sería mezquino no reconocer, iniciando el año 2026, a quienes marcan la diferencia con sus vidas, con sus acciones y trayectorias. No son los únicos, pero son los que conozco en el ámbito cultural más cercano: personas que conjugan el verbo dar sin mezquindad.
Es justo citar a Juan Manuel Infante, director de la obra “Las Túpac Amaru”, inspirada en la novela del bicentenario “Los Túpac Amaru”, él ha reunido otra vez al grupo teatral “Cuatrotablas” para asumir este desafío colectivo. Así como resulta necesario nombrar a Lita Velasco, la autora de “Pablucho”, curadora y difusora de la valiosa obra de Antenor Samaniego, gran gestora que promueve cultura e identidad. Merecen también reconocimiento los esfuerzos de la profesora Marita Olórtegui, del colegio Antenor Orrego, por acercar a sus alumnos a los escritores peruanos contemporáneos mediante hermosos encuentros que se realizan incansablemente todos los años en las aulas del centro educativo. El diálogo del escritor y sus jóvenes lectores, es una experiencia que alimenta y motiva a ambos.
Párrafo aparte, para el maestro Omar Aramayo, quien este año ha recorrido distintos lugares del país llevando su conocimiento y experiencia literaria con una humildad que solo poseen los hombres que trascienden. Su único afán ha sido compartir lo que sabe, allí donde es invitado.
Seguramente el poeta Harold Alva, generoso gestor cultural, seguirá tendiendo puentes poéticos a nivel internacional, apoyando y abriendo espacios para nuevas voces que tienen algo valioso que entregar.
Movimientos Culturales Literarios como Nokanchi Kanchu de San Juan de Lurigancho, no pueden ser ignorados. Su labor constante de promoción de la lectura, la escritura, la poesía y todo tipo de arte conecta a la gente con sus raíces ancestrales y fortalece la identidad peruana.
Estos son algunos ejemplos cercanos de personas que eligen día a día, trascender.
“Las personas más felices no son aquellas que reciben más, sino aquellas que dan más”
(Jackson Brown)
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