La madre de la justicia
Hace ya más de un siglo, en “Meditaciones del Quijote”, Ortega y Gasset afirmaba: “Yo soy yo y mis circunstancias, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. A veces olvidamos que, esa circunstancia primaria y fundante de todo ser humano, el primer entorno que nos acogió y definió, es la madre. Es la madre quien por vez primera nos enseña que el mundo tiene reglas y que las mismas están impregnadas de amor y piedad. Los abogados mucho antes de conocer la Constitución, el Código Civil o las salas de audiencias, comparecimos todos sin excepción, ante el Tribunal de la justicia doméstica. Es allí, en la aparente sencillez de repartir un juguete entre hermanos o mediar en la disputa de quien ve televisión, donde conocimos la equidad. La madre que suele presidir aquel tribunal doméstico no aplica la ley de la selva para la solución de los casos, ni una igualdad matemática fría. La madre aplica lo que en derecho romano sería la aequitas, esto es, dar a cada hijo según su necesidad y mérito, equilibrando la balanza con........
