Memoria emocional, ¿el eslabón perdido entre el consumidor y el retailer?
Una de las cosas que me apasiona es ir de tiendas. No importa cuales, siempre hay algo que ver. Por supuesto comprar es algo que a todos nos gusta, pero para mí va más allá del comprar. El visitar una tienda, observar el uso de la iluminación, el diseño del recorrido, la selección de las categorías en los pasillos centrales, las exhibiciones en vitrinas, para mí es el adentrarme a un mundo complejo y seductor al mismo tiempo.
No puedo definir exactamente cuando empezó esta pasión, sin embargo tengo muy claro el recuerdo del momento en que me sentí transportada a ese mundo por primera vez.
Cuando era pequeña, alrededor de los cinco años, tenía una enorme propensión a enfermarme de las anguinas. Esto venía acompañado de fiebre muy alta y las respectivas inyecciones necesarias para poder curarme. Siempre esas inyecciones venían también acompañadas de una férrea negociación de mi parte. Merecía una recompensa a cambio de comportarme bien, o moderadamente bien, durante su dolorosa aplicación. En una ocasión logré negociar con mi papá que al concluir la serie de seis inyecciones que me tocaba, me comprara un regalo. Mediano. No uno muy chiquito. En mi opinión, seis inyecciones era muchísimo que........
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