El regreso de Portales. Por Cristóbal Bellolio
Aunque el referente de Jaime Guzmán era Jorge Alessandri, ese viejo austero que decidió no habitar La Moneda porque vivía a dos cuadras, José Antonio Kast eligió la figura de Diego Portales para revestir de significado su ingreso al palacio presidencial como inquilino permanente.
Se acabó la joda. Camisa adentro y bien peinados. Corbata para los hombres y sobriedad para las mujeres. Gobernar no es chacota. No tiene por qué ser cool ni ondero. No buscamos gente linda vestida de Brook Brothers -como la que acompañó a Piñera- ni hípsters tatuados haciendo el corazón coreano -como los que acompañaron a Boric. En el nuevo ciclo portaliano se exige disciplina y formalidad. La venganza de los nerds en todo su esplendor.
José Antonio Kast llegó a La Moneda marcando un contraste feroz con la administración saliente en todas las dimensiones posibles. La estética, para comenzar. De los símbolos mapuches y los colores de la diversidad sexual pasamos a las pancartas de Jesús y las banderas estadounidenses mezcladas entre las chilenas. Hace cuatro años hablábamos de refundar Carabineros y ahora los uniformados son el alma de la fiesta. Boric salía al balcón en soledad porque la compañera no concebía personificar un rol de género tradicional, y ahora Kast sale corcheteado a la primera dama haciendo arrumacos de familia bien constituida.
Pero la dimensión estética revela coordenadas normativas más profundas: hacia dónde se dirige -y qué trasmite- el ejercicio del poder.
Si Piñera desplegaba una narrativa orientada fuertemente hacia el progreso, mirando siempre hacia el futuro con ese optimismo de locomotora hiperkinética, y Boric centraba su discurso........
