Shaka, perjuicios enmascarados
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El reloj marcaba una hora próxima a las 3:00 p. m.; el sol abrasaba hasta debajo de la sombrilla con que me cobijaba. Camino a casa, por la Avenida de los Mártires, esquina a calle Martí, un grupo de adolescentes reía, bromeaba y caminaba sin apuro. Un detalle llamó mi atención: dos de ellos sostenían en sus manos latas con la bebida llamada Shaka, sobre la cual últimamente se han vertido numerosas alarmas.
—Buenas tardes, muchachos. ¿Cuál de ustedes es el mayor?, pregunté, al percibir que sus edades se movían, según mi apreciación, entre los 13 y 17 años.
—Yo, dijo uno de ellos.
Entonces, en el tono que me pareció que podía llegarles más de cerca, les comenté que lo que bebían parecía inofensivo, pero podía provocarles problemas de salud, que ya varios jóvenes como ellos habían tenido que acudir al médico con este y el otro síntoma…
—¿Quiere un trago?, dijo sonriente y en tono burlón el que parecía menor de todos, acercando su lata de Shaka.
—Oye, deja la bobería, suelta eso, dijo el mayor, pero siguió su camino sin que la charla concluyera.
Otro, sin prestar demasiada atención, continuó escuchando, pero también comenzó a caminar. Ya a metros de mí agradeció, sin entusiasmo. Para ese entonces una trabajadora de un negocio situado allí había salido a confirmar mi........
