Pero, ¿de dónde sale toda esta gente?
Que agnósticos y ateos, al ver la cantidad de gente que asiste a los actos de la visita del Papa, se hagan la pregunta que da título a esta columna, no es una buena noticia. No lo es ni para ellos, ni para quienes nos llamamos católicos. En realidad, es la muestra de una guetización religiosa —ya me disculpo si emplear este adjetivo tiene un punto de frivolidad— que explica una incomprensión mutua entre colectivos, a menudo por falta de contacto entre sí. Por los condicionantes sociales, económicos y, por qué no decirlo, de identidad nacional que se entrelazan con la identificación religiosa, así como por la historia reciente de la Iglesia en nuestro país y en el Estado español, yo diría que los católicos tienen tendencia a relacionarse sobre todo con aquellos que profesan la misma fe que ellos. Esta intuición bebe de mi subjetividad y de mi experiencia personal en círculos eclesiales, que a estas alturas ya es bastante vasta. Diría que son muchos los que, cuando encuentran un ambiente donde no se tienen que justificar a todas horas, donde su fe no es tratada como una enfermedad mental y donde ir a misa no es entendido solo como una reliquia romántica, se quedan y se acomodan en el lugar en cuestión. Hasta aquí, todo tiene una cierta lógica. En realidad, con otras prioridades y movidos por otros intereses, todos buscamos vivir colectivamente lo que pensamos que nos explica.
Para los católicos, sin embargo, la vida en comunidad es........
