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El eclipse del Estado

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12.08.2026

"Por detestables que sean los gobernantes, nunca son peores que cuando no gobiernan" José Ingenieros

Habrá entre ustedes eclipsefílicos y eclipsefóbicos, no me cabe duda. O quizá se mezan, como es mi caso, en una tranquila indiferencia, pues lo que tengan que hacer los astros lo harán sin ustedes y sin mí. Más allá del fenómeno astronómico, asistimos a un fenómeno social que arroja luz, paradójicamente, sobre nuestra egocéntrica forma de asomarnos al mundo. Es histórico, te dicen, y el adjetivo parece forzarte a asistir al acontecimiento, como si no sucediera ya que los acontecimientos nos persiguen para conformar una historia en muchos extremos distópica.

Estarán hartos de oír hablar del eclipse y no es mi intención llevarles por esos derroteros. Permitan el introito. En aquella otra ocasión, 17 de abril de 1912, una sociedad distinta afrontaba de forma diferente el baile de las esferas terrestres. El inicio del XX respiraba pasión por la ciencia, por la medición, por el conocimiento derivado de la experiencia, y por ello fueron astrónomos, científicos, naturalistas o físicos los que más se desplazaron en tren hacia Cacabelos, el lugar más preciso de ocultación absoluta. Hubo otros puntos de observación, viajes en tren y referencias no demasiado escandalosas en prensa. No en vano, dos días antes había naufragado el Titanic y la noticia internacional estaba servida. En 1912, muchos buscaron la experiencia para obtener conocimiento; en 2026, buscamos la experiencia para no perdernos nada. Hubo entonces cegueras y me temo que las habrá ahora. Ayer por........

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