Las negociaciones-trampa y el desprecio a la diplomacia
Con mucha frecuencia, las negociaciones de paz con un grupo armado o con un Estado en plena crisis -en especial cuando existe riesgo real de escalada militar, como ha ocurrido en Irán- no se buscan o conciben como una vía genuina para desescalar el conflicto, sino como una extensión estratégica del mismo. Pues se usan para ganar tiempo, fracturar la unidad política del adversario, reducir presiones internacionales, obtener alivio logístico o económico, rearmarse y reorganizar mandos, mejorar inteligencia, consolidar control social, fortificar posiciones u ocupar territorios, bajo la cobertura de un supuesto “proceso de paz”, que desactiva las alertas debido a la confianza creada a través del diálogo abierto. En esos casos, el diálogo deja de ser un mecanismo de construcción de confianza y se convierte en un escenario de manipulación, incluso si hay un alto al fuego, donde la retórica de la paz funciona como camuflaje para preparar la siguiente fase de la guerra, transformando la negociación en un espacio de engaño más que de resolución. La negociación, incluso, puede ser una estrategia de guerra. En estos días, hemos asistido a una de estas trampas.
Antes del viaje del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el 29 de diciembre pasado, para visitar al presidente Trump en Mar-a-Lago, funcionarios israelíes enfatizaron que Israel estaba listo para atacar de nuevo a Irán, y sugirieron que Netanyahu buscaría el apoyo estadounidense para una acción militar adicional durante su visita. La opción diplomática ya estaba en marcha respecto al programa nuclear iraní, pero no era la opción preferida por Israel, que presionó fuertemente a Estados Unidos en este sentido. Lo tremendo del caso es que el ministro de Exteriores de Omán, que llevaba las negociaciones entre Estados Unidos e Irán por el tema nuclear, afirmó horas antes del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, el 28 de febrero, que las negociaciones estaban “al alcance”, pues Irán había aceptado las condiciones de Estados Unidos para paralizar su programa nuclear. Se lo comunicó personalmente al vicepresidente de Estados Unidos un día antes del ataque. Incluso se habló de iniciar un diálogo entre Irán y los países del Golfo.
