La presidencia y los aprendizajes políticos del Mundial
Sucedió algo difícil de prever en un mundo y un país cada vez más polarizado, el futbol cumplió con la consigna de su máximo cliché. El futbol nos unió. Durante un par de meses, los mexicanos dejamos atrás nuestras divisiones sociales, políticas, económicas e ideológicas, dejamos atrás incluso nuestros trabajos y deberes y nos volvimos una fiesta futbolera. Llevábamos mucho tiempo hablando del Mundial como una abstracción de la cual éramos muy escépticos y de pronto cuando sucedió nos encontramos inmersos en él, como un acontecimiento de vinculación social más que cualquier otra cosa.
El fenómeno social del Mundial fue interesante, la sociedad mexicana se unió en torno a una playera de futbol. Los espacios públicos se llenaron de una forma que no se había visto en mucho tiempo. Si bien el estadio fue habitado exclusivamente por aquellos que podían pagar los precios exorbitantes, el Ángel, el Zócalo y muchos otros espacios públicos fueron tomados por mexicanos de todas las clases sociales e ideologías; parecía una fiesta nacional en el sentido colectivo de la palabra. Las clases altas no salen a dar el grito de independencia a las plazas públicas, ni van a los cementerios a recordar a sus muertos en noviembre, pero en el Mundial, todos salieron, todos convivieron, en un festín de espuma, banderas,........
