Cuando la seguridad deja de ser prioridad
Durante años, una parte del país aceptó una caricatura peligrosa: que hablar de seguridad era una obsesión de la derecha, un capricho de los ricos o una excusa para que algunos pudieran ir tranquilos a sus fincas. Esa frase, repetida con suficiencia en campañas, tertulias y redes sociales, ocultó una verdad elemental: la seguridad no es un privilegio. Es la condición mínima para que cualquier ciudadano pueda vivir, trabajar, estudiar, abrir un negocio o salir de su casa sin miedo.
Colombia parece estar redescubriendo esa verdad por las malas.
Lo ocurrido en Cali, Palmira y Cauca no puede leerse como un........
