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Cuatro años de la invasión rusa a Ucrania

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24.02.2026

La invasión rusa contra Ucrania no es un conflicto lejano ni abstracto. Cuatro años después de su inicio, ha dejado cerca de dos millones de personas muertas, heridas o con sus vidas profundamente afectadas, entre ellas un número inaceptable de civiles. Las consecuencias de esta invasión criminal se sienten hoy en la vida cotidiana de millones de personas dentro y fuera de Europa, también en Colombia y en América Latina.

En Ucrania, la agresión ha tenido un impacto devastador sobre la población civil. Comunidades enteras han visto destruidas sus viviendas o sus familias separadas. Un tercio de las escuelas han sido afectadas, haciendo que niñas y niños enfrenten el brutal invierno sin condiciones básicas como la calefacción. Estas realidades no son cifras lejanas: reflejan el costo humano de una invasión que continúa.

Las consecuencias trascienden las fronteras ucranianas. La invasión rusa ha alterado los mercados globales de alimentos, fertilizantes y energía, y ha generado presiones inflacionarias y mayores costos de producción agrícola en distintas regiones del mundo, incluida Colombia. En un contexto internacional ya frágil, estas disrupciones han afectado el comercio, la estabilidad de precios y el costo de vida de millones de personas.

Pero lo que está en juego va más allá de la economía. En Ucrania se defienden principios básicos que protegen a todos los Estados: la soberanía, la integridad territorial y la prohibición del uso de la fuerza para cambiar las fronteras. Estos principios, recogidos en la Carta de las Naciones Unidas, son esenciales para la estabilidad internacional y para la seguridad jurídica de todos los países.

Lo que está en juego va más allá de la economía. En Ucrania se defienden principios básicos que protegen a todos los Estados: la soberanía, la integridad territorial y la prohibición del uso de la fuerza para cambiar las fronteras.

La Unión Europea apoya al pueblo ucraniano de manera firme y sostenida, con asistencia política, económica y humanitaria, para que Ucrania pueda resistir la agresión y preservar su derecho a existir como país independiente. Esta invasión puede terminar de inmediato si Rusia la detiene, retira sus tropas y pone fin a los ataques contra civiles y contra infraestructura esencial. Para Ucrania, dejar de defenderse significaría el fin de su soberanía. La responsabilidad de poner fin a este conflicto recae en quien lo inició: el presidente ruso, Vladimir Putin.

Al mismo tiempo, esta guerra ha desviado atención y recursos de desafíos globales urgentes: la lucha contra la pobreza, la seguridad alimentaria, la transición energética y la acción climática. Avanzar hacia una paz sostenible permitiría reorientar esfuerzos hacia estas prioridades compartidas con Colombia y América Latina.

Los colombianos conocen el valor de la paz. Han vivido el impacto del conflicto y apostado por soluciones negociadas. Colombia entiende que una paz justa es una condición para la estabilidad, el desarrollo y las oportunidades. En un mundo interconectado, defender el derecho internacional y la protección de las personas en Ucrania es también proteger la estabilidad y el futuro, no solo de Colombia, sino de toda la región.

Firman la Unión Europea y representaciones de los países miembros presentes en Colombia:

François Roudié, embajador de la Unión Europea

Martina Klumpp, embajadora de Alemania

Gerold Vollmer, embajador de Austria

Koen Lenaerts, embajador de Bélgica

Lenka Pokorná, embajadora de Chequia

Jens Godtfredsen, embajador de Dinamarca

Santiago Jiménez Martín, embajador de España

Eija Rotinen, embajadora de Finlandia

Sylvain Itté, embajador de Francia

Cyril Brennan, embajador de Irlanda

Giancarlo Maria Curcio, embajador de Italia

Reina Buijs, embajadora de los Países Bajos

Barbara Sosnicka, embajadora de Polonia

Catarina Arruda, embajadora de Portugal

Manuel Plesa, embajador de Rumanía

Maria Cramér, embajadora de Suecia


© El Tiempo