Cuatro años de la invasión rusa a Ucrania
La invasión rusa contra Ucrania no es un conflicto lejano ni abstracto. Cuatro años después de su inicio, ha dejado cerca de dos millones de personas muertas, heridas o con sus vidas profundamente afectadas, entre ellas un número inaceptable de civiles. Las consecuencias de esta invasión criminal se sienten hoy en la vida cotidiana de millones de personas dentro y fuera de Europa, también en Colombia y en América Latina.
En Ucrania, la agresión ha tenido un impacto devastador sobre la población civil. Comunidades enteras han visto destruidas sus viviendas o sus familias separadas. Un tercio de las escuelas han sido afectadas, haciendo que niñas y niños enfrenten el brutal invierno sin condiciones básicas como la calefacción. Estas realidades no son cifras lejanas: reflejan el costo humano de una invasión que continúa.
Las consecuencias trascienden las fronteras ucranianas. La invasión rusa ha alterado los mercados globales de alimentos, fertilizantes y energía, y ha generado presiones inflacionarias y mayores costos de producción agrícola en distintas regiones del mundo, incluida Colombia. En un contexto internacional ya frágil, estas disrupciones han afectado el comercio, la estabilidad de precios y el costo de vida de millones de personas.
Pero lo que está en juego va más allá de la economía. En Ucrania se defienden principios básicos que protegen a todos los Estados: la soberanía, la integridad territorial y la prohibición del uso de la fuerza para cambiar las fronteras. Estos principios, recogidos en la Carta de las Naciones Unidas, son esenciales para la estabilidad internacional y para la seguridad jurídica de todos los países.
Lo que está en juego va más allá de la economía. En Ucrania se defienden principios básicos que protegen a todos los Estados: la soberanía, la integridad territorial y la prohibición del uso de la fuerza para cambiar las fronteras.
La Unión Europea apoya al pueblo ucraniano de manera firme y sostenida, con asistencia política, económica y humanitaria, para que Ucrania pueda resistir la agresión y preservar su derecho a existir como país independiente. Esta invasión puede terminar de inmediato si Rusia la detiene, retira sus tropas y pone fin a los ataques contra civiles y contra infraestructura esencial. Para Ucrania, dejar de defenderse significaría el fin de su soberanía. La responsabilidad de poner fin a este conflicto recae en quien lo inició: el presidente ruso, Vladimir Putin.
Al mismo tiempo, esta guerra ha desviado atención y recursos de desafíos globales urgentes: la lucha contra la pobreza, la seguridad alimentaria, la transición energética y la acción climática. Avanzar hacia una paz sostenible permitiría reorientar esfuerzos hacia estas prioridades compartidas con Colombia y América Latina.
Los colombianos conocen el valor de la paz. Han vivido el impacto del conflicto y apostado por soluciones negociadas. Colombia entiende que una paz justa es una condición para la estabilidad, el desarrollo y las oportunidades. En un mundo interconectado, defender el derecho internacional y la protección de las personas en Ucrania es también proteger la estabilidad y el futuro, no solo de Colombia, sino de toda la región.
Firman la Unión Europea y representaciones de los países miembros presentes en Colombia:
François Roudié, embajador de la Unión Europea
Martina Klumpp, embajadora de Alemania
Gerold Vollmer, embajador de Austria
Koen Lenaerts, embajador de Bélgica
Lenka Pokorná, embajadora de Chequia
Jens Godtfredsen, embajador de Dinamarca
Santiago Jiménez Martín, embajador de España
Eija Rotinen, embajadora de Finlandia
Sylvain Itté, embajador de Francia
Cyril Brennan, embajador de Irlanda
Giancarlo Maria Curcio, embajador de Italia
Reina Buijs, embajadora de los Países Bajos
Barbara Sosnicka, embajadora de Polonia
Catarina Arruda, embajadora de Portugal
Manuel Plesa, embajador de Rumanía
Maria Cramér, embajadora de Suecia
