La guerra del fin del mundo
Al comienzo, creamos herramientas como hachas, indumentarias, ornamentos. Creamos el fuego, luego la rueda, la escritura. Siglos después vendrían la máquina de vapor, el telégrafo la electricidad, el automóvil, el avión, la televisión, el microondas. Y luego, en un giro dramático, la telefonía móvil, internet, momento en que la velocidad de los inventos y su propia aceleración habrían de cambiar para siempre.
Porque la especie creadora, la que inventó el arado, la brújula, la pólvora y la creencia en un Dios, las vacunas y los cohetes, la que pudo mandar a un hombre a la Luna, esa misma especie inventó los algoritmos, la robótica y, tras ella, la inteligencia artificial.
En este punto la aceleración precipitada e ‘in crescendo’ comienza a desbordarse. Porque, tal como dijo Yuval Harari recientemente en Davos, durante la reunión del Foro Económico Mundial: “La inteligencia artificial no es una herramienta. Las herramientas hacen lo que nosotros queremos que hagan. Un cuchillo puede servir para........
