Un país descuadernado
¡Qué horror! Nos hemos acostumbrado a hacer las cosas mal y esto lo vemos normal. Veamos un acto cruel que puede adormecer la conciencia, hasta el punto de llegar a aprobar las más nefastas aberraciones, lean esta píldora: los aztecas, por ejemplo, veían normal sacrificar seres humanos al dios Sol, extrayéndoles el corazón con el aplauso y el jolgorio de los asistentes.
Guardando las proporciones, a nosotros nos pasa algo igual. Nos hemos habituado tanto a la corrupción que ya nos parece normal: obras inconclusas, pésima atención en las oficinas del sector público y el privado, gastos suntuosos, abismal desproporción entre los gastos de funcionamiento e inversión —se dice que hoy se gasta del presupuesto nacional el 90 % en funcionamiento: contratos personales, burocracia desmedida respondiendo a intereses partidistas, derroche presupuestal—, y a la par, las vías, un desastre; los servicios hospitalarios, todo un calvario; la salud, con filas interminables; la reforma de la salud, que no fue aprobada por el Congreso, entonces va por vía........
