La relevancia del quién y el cómo para una transición energética justa
Análisis La relevancia del quién y el cómo para una transición energética justa
El convulso contexto internacional, marcado por el estancamiento económico (aún relativo y asimétrico), el caos geopolítico (provocado fundamentalmente por el imperialismo estadounidense y sus aliados), así como la tendencia de progresiva superación de los límites biofísicos del planeta, entre otras cuestiones, evidencia el carácter central de los debates sobre la energía.
Estos llevan protagonizando las agendas oficiales al menos desde principios de la presente década, cuando conceptos como economía verde o tecnologías limpias coparon el relato de un hegemónico capitalismo verde y digital. En la actualidad, la guerra en Ucrania y las agresiones sobre Venezuela e Irán, además de desnudar la verdadera naturaleza militarista de las prioridades oficiales —más verde oliva que verde sostenible—, han catapultado aún más la cuestión energética, recuperando los combustibles fósiles el rol mediático que en la práctica nunca habían perdido.
El panorama internacional actual, en síntesis, acrecienta la consideración de la energía como uno de los principales ejes de conflicto internacional
El panorama internacional actual, en síntesis, acrecienta la consideración de la energía como uno de los principales ejes de conflicto internacional: como EEUU ya no es el hegemón económico, condición que de facto atesora China, la potencia norteamericana lanza una ofensiva comercial, diplomática y militar que, además de tratar de recuperar zonas de influencia —como la apuesta explícita por convertir a América Latina de nuevo en su patio trasero—, fortalece una disputa descarnada a gran escala que, entre otros elementos, incluye también el acceso y control de suministros clave como la energía.
Esta disputa integral se centra, en primer lugar, en sectores económicos de avanzada como la inteligencia artificial generativa y los semiconductores. En segundo término, se concreta en rutas comerciales clave como el Ártico —hipotética vía marítima que vincularía Asia con el resto de continentes de manera más barata y eficiente, y en la que Groenlandia juega un papel clave— u Oriente Medio, territorio estratégico para el transporte dentro del gran continente euroasiático. Por último, como ya hemos adelantado, la disputa económica y militar se despliega también y de manera especial sobre los suministros, base física que alimenta las cadenas de valor de los diferentes poderes corporativos en extrema competencia. Específicamente, se constata el creciente protagonismo tanto del extractivismo minero-metálico (tierras raras, litio, cobalto, cobre, níquel, oro, etc., necesarios como depósitos fiables de valor y para el impulso de los principales rubros económicos verdes, militares y digitales), como de la proliferación de conflictos ecosociales y geopolíticos derivados de la energía, como por ejemplo el provocado tras el cierre del Estrecho de Ormuz.
De este modo, conceptos como invasión, pillaje y despojo están a la orden del día. Pero también avanzan, aun tímidamente, apuestas populares como soberanía energética, justicia global, descarbonización, decrecimiento asimétrico, transformaciones metabólicas y, en definitiva, una transición energética justa (TEJ).
Precisamente en un artículo anterior abogábamos por relanzar el debate en torno a este último término, superando el tono bronco que lo caracteriza al interior de las izquierdas, así como su excesivo enconamiento en torno a los proyectos renovables de cierta escala y volumen de inversión; cuestión fundamental y necesaria, pero no suficiente. Planteábamos en este sentido la necesidad de complejizar y acelerar el diálogo entre quienes rechazamos de plano el capitalismo verde oliva y digital como referencia, pero asumimos que aún tenemos asuntos que resolver sobre el qué, quién, cómo, cuánto y para qué de la transición energética justa.
En las últimas semanas hemos tenido la ocasión de participar activamente en diferentes iniciativas en las que este asunto ha tenido su peso específico, como los Encuentros Ecosocialistas de Euskal Herria y Bruselas pero, muy especialmente, la jornada “¿Cómo impulsar estrategias en favor de una transición energética justa en Euskal Herria?”, que organizamos entre OMAL y el Gune Ekosozialista en Bilbo.
En todas ellas hemos tratado de aportar nuestro granito de arena, situando el eje del debate en dos elementos que en nuestra opinión son fundamentales. Por un lado, quiénes deben ser los sujetos y agentes prioritarios de la transición energética. Por el otro, cómo definir estrategias que nos ayuden a avanzar hacia un escenario de superación del orden institucionalizado en torno al capitalismo, impulsando a tal efecto lógicas de transición que permitan acumular fuerzas populares, así como sentar bases económicas y políticas más propicias.
Sintetizamos en los próximos apartados algunas de las principales conclusiones, todavía esbozos, que hemos extraído. Comenzaremos explicitando cual podría ser el horizonte de referencia hacia el que........
