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‘Jugada maestra’, el precio del resentimiento

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15.05.2026

Opinión ‘Jugada maestra’, el precio del resentimiento

@reinohueco @reinohueco.bsky.social

@diegos_lgado @diegosalgado.bsky.social

Aunque hoy por hoy se disfruta como si fuese una delicadeza exótica, hace apenas veinte años una película como Jugada maestra habría sido una muestra más de cine comercial; un filme de clase media, con los atributos justos, gracias al cual el cinéfilo habría tenido la oportunidad, como ante tantos otros estrenos semanales, de establecer un diálogo entre su vida cotidiana y las codificaciones expertas de géneros como el drama y el thriller, para deducir del mismo una inspiración, un consuelo, una respuesta. Porque, como reflexionó François Truffaut, “cuando la vida te escatima las satisfacciones, te gusta más ir al cine. El cinéfilo es, en esencia, un neurótico”.

Las palabras de Truffaut adquieren gran pertinencia en relación con Jugada maestra. En primer lugar porque su protagonista, como veremos, es un neurótico. Y, en segundo lugar, porque el director francés las puso de manifiesto en el marco del estreno de su undécimo largometraje, Las dos inglesas y el amor (1971), inspirado en las vidas y personalidades de las hermanas Brontë, escritoras afectadas por la neurosis tardogótica. Y, en esencia, Jugada maestra es una ficción asimismo tardogótica, pese a una pátina de modernidad incapaz de disimular su visión del paso del ser humano por el mundo como “un círculo maldito, una serpiente que devora su propia cola y ya solo puede ser herida eterna, desolación sin fin” (Silvia Moreno-García).

Jugada maestra no representa, por supuesto, una excepción. Como ya hemos escrito a propósito de Cumbres borrascosas (2026) o los cómics de E.M. Carroll y Julia Gfrörer, el gótico ha vuelto. Lo apuntan también ¡La novia! (2026); las recientes adaptaciones para cine y televisión de El conde de Montecristo (1844); Las cosas lavadas por la noche (2024), Diavola (2024) y otras novelas; y hasta las colecciones........

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