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‘El diablo viste de Prada 2’: lo viejo y lo nuevo

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30.04.2026

Opinión ‘El diablo viste de Prada 2’: lo viejo y lo nuevo

@diegos_lgado @diegosalgado.bsky.social

@reinohueco @reinohueco.bsky.social

Vista hace unos meses Bridget Jones: loca por él (2025), y a la espera de que se estrene Prácticamente magia 2 (2026) y se dé luz verde por fin a Una conejita en el campus 2 y Una rubia muy legal 3, llega a las carteleras otra legacy sequel o secuela tardía a partir de éxitos producidos por Hollywood no ya en los años 80 y 90, sino hace apenas veinte años; en el caso de las películas que hemos citado, chick lits, fábulas enfocadas en el periodo de entresiglos a lectoras o espectadoras, sobre jóvenes que probaban suerte con el amor y los desafíos profesionales en ambientes urbanitas, sofisticados, que las ponían a prueba, con el posfeminismo o feminismo de tercera ola como agente mediador frente al capitalismo tardío.

Muchas de estas chick lits se basaban en best sellers de naturaleza entre literaria y sociológica y manual de autoayuda.El diablo viste de Prada (2006) no fue una excepción. Siguiendo la estela del libro homónimo de Lauren Weisberger, su protagonista era Andrea Sachs (Anne Hathaway), una periodista joven e idealista que empezaba a trabajar como asistente personal de Miranda Priestly (Meryl Streep), feroz editora de una revista neoyorquina de moda —personaje inspirado en Anna Wintour (1949-), redactora jefe de Vogue durante casi treinta años—. Fascinada por el glamur que rodeaba a la (auto)exigencia laboral y vocacional de Miranda y el mundo de la alta costura, Andrea se distanciaba poco a poco de su pareja y amigos, y ello le obligaba finalmente a afrontar un dilema moral y de clase con repercusiones profundas para su futuro.

El diablo viste de Prada encarnó a la perfección las virtudes del cine comercial. Jamás pretendió situarse por encima de los tópicos narrativos y audiovisuales de la chick lit. Por el contrario, usó y abusó de las convenciones románticas a lo Jane Austen, las canciones cada pocos minutos, una descripción complaciente del lujo, todo ello materializado con un aparato de producción impecable, una maquinaria digna de reloj suizo que abarca su reparto, donde confluyeron con armonía la veterana Mery Streep con dos estrellas por entonces en ascenso, Anne Hathaway y Emily Blunt, así como un secundario de lujo, Stanley Tucci. En las imágenes de El diablo viste de Prada resuenan además sin subrayados, y es otra de las claves para........

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