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La inteligencia artificial ya ha tocado techo: ahora toca redistribuir el saber que la hizo posible

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15.08.2026

Opinión La inteligencia artificial ya ha tocado techo: ahora toca redistribuir el saber que la hizo posible

Durante años hemos escuchado que la inteligencia artificial es una revolución imparable, una fuerza autónoma capaz de transformar la economía, la cultura y hasta la propia idea de conocimiento. Pero conviene detenerse un momento y observar con calma qué hay realmente detrás de esa narrativa. Porque la IA generativa, la que escribe, resume, programa, traduce, dibuja, ya ha alcanzado su pico como “saber”. No porque sea perfecta, sino porque no puede ir más allá del conocimiento humano que ya exprimió.

Los modelos actuales no inventan nada. Recombinan. Mezclan, reorganizan, imitan. Su aparente creatividad es una ilusión estadística construida sobre millones de textos, imágenes, líneas de código y artículos escritos por personas reales. La IA no aprende del mundo: aprende de nosotras. Y lo hace con la misma lógica que una fotocopiadora: cada copia es más rápida, sí, pero también más pobre que el original. Pierde matices, contexto, intención, experiencia. Pierde humanidad.

 Los gobiernos están destinando miles de millones a financiar “modelos más grandes, más entrenados, más potentes”. Pero ese camino es un río seco

La industria lo sabe. Por eso la carrera ya no va de “inteligencia”, sino de explotación: más datos, más modelos, más infraestructura para seguir ordeñando el mismo saber colectivo. La curva de conocimiento no crece; lo que crece es la capacidad para empaquetarlo y venderlo.

Y aquí aparece el problema político. Los gobiernos están destinando miles de millones a financiar “modelos más grandes, más entrenados, más potentes”. Pero ese camino es un río seco. No hay nuevo saber que extraer. Lo que hay es una maquinaria cada vez más costosa que sólo beneficia a unas pocas macroempresas que ya han capturado el conocimiento de todos y ahora aspiran a capturar también las infraestructuras públicas.

La pregunta es evidente: ¿por qué seguimos financiando a los intermediarios y no a las creadoras y creadores del saber?

Porque el saber que alimenta la IA no nació en laboratorios privados.........

© El Salto