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No hay buena economía sin buena política

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Hace mucho tiempo, analistas económicos y políticos, periodistas y también políticos profesionales hemos sostenido que la salida de la crisis multidimensional en Bolivia es sobre todo política.

​Asimismo, trabajos como el Growth Lab de la Universidad de Harvard y un reciente libro, publicado por el London School of Economics titulado El consenso de Londres, también han concluido que no existe buena economía sin buena política. La frase parece sencilla –casi un cliché–, pero encierra una verdad profunda: los mercados, las inversiones, la productividad, la justicia social, la innovación y el crecimiento no florecen en el vacío; necesitan instituciones sólidas, pactos políticos y sociales, reglas claras, confianza pública y liderazgo democrático. Necesitan buena política.

​Sin acuerdos, sin gobernabilidad y sin capacidad de acción colectiva, las mejores recetas económicas terminan archivadas en algún cajón ministerial o alguna biblioteca o simplemente cambiadas por papel higiénico rosado.

​Sin embargo, aunque esta tesis fue repetida en artículos, conferencias y debates, tuvo escaso eco en una clase política boliviana más inclinada a la confrontación que a la construcción.

​Lo paradójico es que quien sí entendió esa consigna fue la ciudadanía boliviana. En las elecciones del año pasado, la población ofreció una lección de madurez democrática. Votó en paz, con civismo y con serenidad. Utilizó el instrumento más poderoso de la democracia –el sufragio– para expresar un deseo claro de cambio político y económico.

Con su voto no solo desplazó a un gobierno autoritario, ineficiente y corrupto; también comenzó a cerrar un ciclo ideológico marcado por el agotamiento del modelo extractivista, el........

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