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La argentinización del PP o cómo intentar ganar unas elecciones aprovechando los sesgos de un sistema corrupto

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25.07.2026

Hay algo en lo que coinciden el sistema corrupto que gobierna el mundo del fútbol, desde la estructura (FIFA) a la Brunete judicial (árbitros), pasando por la policial (sistema sancionador) y todo ello glosado por la mediática, con la realidad política en España: el sesgo. Argentina, como el PP, favoritos del sistema, se dieron cuenta muy pronto de que no iban a volver a ganar ni un Mundial ni unas elecciones practicando el arte del fútbol o el de la política. Había que poner en marcha el “el que pueda hacer, que haga”.

En el partido inaugural de la fase final del Mundial 2026, Argentina-Argelia, el sistema, que se las prometía felices con la fase previa (como el PP con las autonómicas y municipales previas a las elecciones de 2023, hace tres años), y así lo glosaba la Brunete mediática y demoscópica, se dio cuenta de dos cosas:

La primera es que el fútbol, por sí solo, no mostraba la ventaja esperada para su favorito, Argentina. Favorito, también del anfitrión, Estados Unidos, y de los medios palmeros.

La segunda es que ya no les iba a bastar con acciones “defensivas” como perdonar tarjetas (la roja perdonada a Messi por el cruento pisotón por detrás a Aïssa Mandi en ese primer partido), sino que había que pasar al ataque.

El Partido Popular se dio cuenta de lo mismo tras su victoria pírrica en 2023, equiparable a ese 3-0 inaugural (autonómicas, municipales y generales): no despegaban ni mucho menos lo que profetizaban sus palmeros, hasta el punto de perder el Gobierno, y no les iba a bastar con demorar hasta la náusea sus casos de corrupción endémica, ni la Kitchen (13 años de demora infinita), ni la Gürtel (con piezas judiciales aún abiertas pese a que arrancó en 1999 y se empezó a investigar hace 20 años), ni la Púnica, ni la Policía Patriótica, ni la Hacienda Patriótica de Montoro, un caso donde la fiscal ha denunciado cortapisas y dilaciones injustificadas orquestadas por sus jefes.

Había que pasar al ataque, y más después del partido infame de la albiceleste contra Cabo Verde, y ya no importaba el descaro manifiesto (la sanción perdonada al jugador estadounidense Bologun, equiparable al archivo de la condena sin pruebas y sin considerar el testimonio de descargo de todos los periodistas, al Fiscal General del Estado en España). Daba igual que se notara el lawfare. Argentina debía ganar por lo civil o por lo militar. Sin disimular. Como el PP.

En ese lawfare descarado marcado por la politización de la justicia y del fútbol  cuenta entre sus páginas más negras la anulación del 2-0 a Egipto tras espectacular jugada de Hassan (que, prácticamente, eliminaba a Argentina) por una supuesta falta por pisotón........

© El Plural