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¿Puede un ser maligno hacer el bien? (IV)

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El aroma a almíbar desprendido de sus labios se dispersaba en el ambiente oloroso a salitre, algas y humedad. No existían palabras, creería, para describir cual fantástica belleza. El gigante sonrió como si escuchara mis pensamientos al igual que los latidos acelerados de un corazón que ya no poseía. -Nunca dejarán de encantar y por ello muchos le han dedicado miles de líneas-, sentenció. Lo que ves más allá es el Puerto de los Poetas.

Ahí habitan ellos con sus cantares y poemas al igual que con sus creaciones, sus monstruos y héroes. En ese pequeño cayo que observas a tu derecha vive el alma del rey Gilgamesh de Uruk con el alma de su amigo de arcilla de nombre Enkidu, quienes aún emprenden, cuando pueden, la búsqueda del secreto de la vida eterna; en el cayo de la izquierda habita el alma del poeta llamado Vyasa, una encarnación de un dios que llaman Vishnu y quien pregona ser el conocedor de la historia del origen de todas las cosas, diciendo que lo que está aquí, se puede encontrar en otro sitio, pero lo que no está aquí, no se encuentra en ninguna otra parte.

Ahí lo acompaña el alma de su fiel discípulo Vaisampayana y a veces lo visita un dios con cabeza de elefante. De ese cayo sale a la superficie en ocasiones el recordatorio a los humanos de las elecciones que han de enfrentar, lo que comúnmente denominan las crisis de conciencia.

Pero el patriarca de todo el lugar es el alma del ciego Ho Me Horón, al que ustedes conocen como Homero, siempre está acompañado de Aquiles, quien lo protege, al fin y al cabo es su padre, él lo creó al igual que a muchos considerados mitos, ahí también he dejado el alma de Virgilio acompañado de su héroe troyano Eneas; pero también están con él, contemporáneos y otros nacidos y muertos, cientos y miles de años después de su presencia en la tierra; historiadores y escritores que cuestionaron su existencia o hasta su misma obra. Ahí podrás encontrar las almas de Heródoto........

© El Pilón