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Diez días de caos ferroviario en Rodalies: ¿Pudo evitarse la crisis?

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31.01.2026

Accidente ferroviario

Usuarios de Rodalies suben a un tren este martes, 27 de enero. / Jordi Otix

Sabina Feijóo Macedo

“No lo entiendo. ¡¿Por qué pasa todo de golpe?! ¿Tan mal estábamos?”. El comentario, escrito por un usuario en Instagram al pie de una noticia publicada por este diario, resume el desconcierto de miles de pasajeros ante lo que ya se ha catalogado como un caos ferroviario en Catalunya.

En poco más de una semana, una sucesión de accidentes e incidencias ha puesto en jaque a la red de Rodalies. El detonante fue el derrumbe de un muro de contención de la AP-7, a la altura de Gelida (Barcelona), que tras una jornada de fuertes lluvias impactó contra un tren de la línea R4 la noche del martes 20 de enero. El accidente se saldó con la muerte de un maquinista en prácticas y más de 30 heridos, apenas dos días después de que un descarrilamiento en Adamuz (Córdoba) causara la muerte de 45 personas.

A partir de ese momento, las inspecciones realizadas en la red ferroviaria catalana destaparon un escenario mucho más amplio: más de 30 puntos negros que requieren reparaciones urgentes, limitaciones de velocidad en 155 tramos y el cierre de infraestructuras clave para la movilidad y el transporte de mercancías, como el túnel de Rubí (R8) o un tramo de 20 kilómetros en Martorell, donde se produjo el derrumbe.

Ante este contexto, la pregunta sobrevuela el debate público: ¿era esta crisis evitable? En un escenario de desinversiones ferroviarias sostenidas desde la crisis de 2008, ¿hasta qué punto una cadena de fallos técnicos podía acabar desencadenando una crisis estructural de confianza en el sistema? Y la respuesta, a la luz de los hechos y de los testimonios recabados, apunta a que no: el colapso era difícilmente evitable.

Ha llovido el triple de........

© El Periódico (ES)