Montserrat ovaciona al Papa, que habla en catalán y ensalza los valores de integración de Catalunya
Montserrat ovaciona al Papa, que habla en catalán y ensalza los valores de integración de Catalunya
El pontífice ha recibido un baño de masas en su visita a Montserrat, que ha combinado con gran equilibrio una popularidad desbordante con la solemnidad litúrgica
La visita del Papa a Montserrat
«Estoy contento de poder estar a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz». Con estas primeras palabras en catalán, León XIV ha puesto de manifiesto en el discurso que ha pronunciado ya dentro de la abadía de Montserrat que tenía muy claro dónde acababa de poner los pies. Un santuario con el cual el pontífice mantiene una relación especial y que hoy lo ha visto por primera vez como Papa, en un acto que ha combinado con gran equilibrio popularidad y solemnidad. León XIV ha correspondido en todo momento, como ha hecho a lo largo de la visita al Estado, a la devoción que le han transmitido constantemente. Desde el principio.
Nada que ver con la entrada que tuvo el único Papa que hasta ahora lo había precedido, la de Juan Pablo II hace 44 años. A pesar de las restricciones por las estrictas y extremadas medidas de seguridad que lo rodean, León XIV ha llegado este mediodía a Montserrat en olor de multitudes. Y en las plazas de acceso a la abadía se ha escenificado una bienvenida de acercamiento y confraternización con los peregrinos y fieles, que por millares (unos 8.000, en cifras redondas) se han congregado en este espacio frente a la fachada monástica, y que ya hacía horas que se ubicaban y esperaban para vivir este momento.
Muy lejos, en el tiempo y en la puesta en escena, quedaba aquel 7 de noviembre de 1982, cuando Juan Pablo II, el único precedente oficial de un pontífice en el monasterio, llegó y pasó —aunque entonces, como hoy, también lo esperaban miles de pacientes y sufridos fieles— casi invisibilizado por una cortina de agua que llevaba horas cayendo y por una niebla espesa que se levantó, y también por el hecho de que el trayecto en coche en medio de aquellas inclemencias y las curvas de acceso a Montserrat lo dejaron debilitado y obligó a reducir y reconducir lo que debía ser una gran misa en el exterior.
En esta ocasión ha ocurrido justo lo contrario. No había un gran acto programado con el Papa presente en el exterior. Pero una jornada finalmente radiante, un escenario único y unas ganas desbordantes de los peregrinos que han hecho el esfuerzo de estar allí para ver de muy cerca al pontífice durante unos instantes, han propiciado un recibimiento deslumbrante.
Igual que el final de etapa de una vuelta ciclista, el pontífice ha cruzado con un vehículo buggie que rompía distancias (pero igualmente fuertemente escoltado) en medio de un mar de manos que querían recibir su apretón o........
