El dividendo Trump
El presidente de EE UU ha ofrecido a cada ciudadano americano un pago de 5.000 dólares si ganan las candidaturas republicanas. Eso sería un gasto de aproximadamente un billón de dólares. Nadie sabe de qué partida presupuestaria va a salir ese gasto, en un país con una deuda pública de 40 billones
El presidente de EE. UU., Donald J Trump, durante un acto en la Casa Blanca. / Europa Press/Contacto/Samuel Corum - Pool via CNP
Hacer promesas ilegales es un incentivo para acabar con la legalidad. Al final esas promesas son tan golosas, que el argumento básico, si no se cumplen, es echarle la culpa a la legalidad que impide hacerlo. Esa es la mayor amenaza para un sistema político. La promesa apunta a romper la legalidad para así beneficiar a la ciudadanía sin ataduras. Pero finalmente, la aspiración es disponer de un poder sin trabas, sin límites legales, discrecional y total para propio beneficio.
Un ejemplo lo dio la Sra. Ayuso cuando quiso escapar a una violación de la ley -comprar una vivienda como residencia personal con la excusa de usarla para actividades oficiales-. Al ser descubierta, dijo que usaría el dinero de la venta del ático de Chamberí -seis millones de euros- para compensar a los perjudicados por los incendios de la Comunidad de Madrid. La promesa tiene todo el aspecto de un trapicheo personal. Recupero seis millones por aquí -veremos si es verdad- y los entrego a los que se quedaron sin casa por el fuego. Tras la promesa está el sueño de usar el dinero público a discreción. Como si no hubiera administración ni ley. El poder como un asunto personal.
Esta es la mentalidad totalitaria. Reducir la política a discreción personal. Por sí sola, no es ninguna de las formas de totalitarismo que conocemos, fascista, nazi, estalinista o populista. Es la base de todas ellas. La mentalidad totalitaria se esmera en sugerir que, si tuviera las manos libres,........
