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Asamblea general

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27.09.2026

Mientras el mundo manda a sus delegados desde una exigencia de igualdad de los Estados, las conversaciones entre Trump y Xi Jimping se elevan con pompa y ceremonia para transmitir al mundo su presencia como potencias decisivas

Imagen de la Asamblea de la ONU.

Un extraño y complejo dualismo se ha hecho visible en esta Asamblea General de la ONU. El victimario, sobre el que pesa una orden de procesamiento por genocida criminal de guerra, puede hablarle al mundo en persona, mientras el representante de las víctimas tuvo que dirigirse al mundo desde la virtualidad. Por otra parte, el abandono de la Asamblea de más de la mitad de las delegaciones deja a Netanyahu con una presencia virtualizada, mientras el representante de Palestina se hizo presente mediante la escucha real de los delegados.

Estos contrastes son llamativos. Como que sean encarcelados los que protestan por la presencia de un imputado por genocidio, mientras se protege a ese personaje. O que Netanyahu acuse de cobardía moral a los que tienen la valentía de no escuchar sus mentiras. Sin embargo, hay otro elemento que deseo resaltar. Mientras el mundo manda a sus delegados desde una exigencia de igualdad de los Estados, las conversaciones entre Trump y Xi Jimping se elevan con pompa y ceremonia para transmitir al mundo su presencia como potencias decisivas.

Estos contrastes evidencian la voluntad de la administración USA de reducir el valor de las Naciones Unidas, tanto como sea posible, en favor de acuerdos entre las potencias autocráticas del mundo. Si esta política se mantiene, las dualidades se elevarán a contradicciones y dejará de tener sentido que la sede del organismo mundial sea la ciudad norteamericana de Nueva York. En ese escenario de futuro, las........

© El Periódico de España