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Ser español en Jumilla

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15.08.2025

Joan Cañete Bayle

Periodista

Periodista

Periodista y escritor. Director de Estrategia de la Oficina de Proyectos Editoriales de Prensa Ibérica. Entre otros trabajos, ha sido corresponsal de El Periódico en Jerusalén y Washington DC. Autor de las novelas 'Expediente Bagdad' (a cuatro manos con Eugenio García Gascón) y 'Parte de la Felicidad que Traes', y del ensayo sobre el conflicto palestino-israelí 'Muros, bosques, tumbas: Un periodista en Jerusalén'

Dos personas pasean por una calle de Jumilla. / Marcial Guillén / EFE

¿Qué es ser español hoy? ¿Se puede ser español y, qué sé yo, no comer jamón? ¿Y no celebrar la Navidad? ¿Y no bailar 'Paquito el Chocolatero' en una fiesta mayor? ¿Y preferir el sushi a las croquetas? ¿Y ponerle piña a la tortilla de patatas o chorizo a la paella? ¿Y no saber quién es la vaquilla del 'Grand Prix'? ¿Y no ir al cine a ver un 'Torrente' o un 'Padre no hay más que uno'?

¿Y se puede ser español y rezar a Alá?

No, a juicio de la extrema derecha y de una parte importante de la derecha españolas, en una respuesta que excluye no solo a los inmigrantes que legalmente están establecidos en el país, sino también a las segundas y terceras generaciones, plenamente españolas. Las instalaciones deportivas municipales no podrán ser utilizadas «en ningún caso para actividades culturales, sociales o religiosas ajenas al Ayuntamiento», dice la moción aprobada por el PP en Jumilla que insta también a defender «los valores y manifestaciones religiosas tradicionales de nuestro país», tras una iniciativa impulsada por Vox para prohibir celebraciones religiosas en un polideportivo que utilizaba la comunidad musulmana de este municipio murciano para festividades como el fin del Ramadán o la Fiesta del Cordero.

La conversación sobre Jumilla no trata del uso del espacio público ni de laicidad o religiosidad. Tampoco aborda la protección de animales, la integración de los inmigrantes en la sociedad española o la introducción de visiones extremistas del islam, como el salafismo, en comunidades españolas. No es, por tanto, un debate sobre la gestión de los flujos migratorios. Jumilla va de la potestad que la derecha española se ha arrogado históricamente para definir quién es y cómo se es español. ¿Se puede ser español y hablar en catalán, vasco o gallego? ¿Y ser comunista, anarquista o socialista? ¿Y no ser católico? En el último siglo de historia del país, según la respuesta a estas preguntas, uno caía en el grupo de los españoles decentes y honrados o en el de los malos españoles. Incluso hoy, el “sí” o el “no” no son respuestas limpias, exentas de ruido y sin lastres del pasado: basta ver cómo afronta la derecha la diversidad lingüística española.

Desde el punto de vista de la derecha, la identidad española no se construye desde la inclusión ciudadana, sino desde un recetario identitario y tradicional. La Transición —con sus imperfecciones—, plasmada en la Constitución —con su lista de asuntos pendientes de reforma—, abrazaba la tradición ilustrada: ser español significaba ser ciudadano libre e igual, no miembro de un club confesional ni súbdito de un canon uniforme. El nacionalismo de la extrema derecha rompe con esa tradición y entronca con el nacionalcatolicismo que impulsaba cruzadas para salvar el alma auténtica de España, por encima de tantos españoles como fuera necesario. La extrema derecha quiere copar la conversación sobre quién es español. Como los indignados del 15-M, su eje conversacional es el “ellos” y el “nosotros”. En su caso, el “nosotros” es su forma de ser español: una sola narrativa cultural, una única identidad étnico-religiosa-lingüística-nacional-de género. El “ellos” son quienes no son españoles, no merecen serlo o lo son a su pesar y deben ser reeducados.

¿Se puede ser español y feminista? ¿Y apoyar el derecho al aborto? ¿Y el matrimonio entre personas del mismo sexo? ¿Y sostener que España es plurinacional? ¿Y defender la independencia por medios democráticos de una parte del Estado? ¿Y ser republicano y abominar de la monarquía? ¿Y discutir el concepto neoliberal de 'libertad'?

La versión de España que dibujan PP y Vox, y que se ha plasmado en términos religiosos en Jumilla, no es una nación de ciudadanos con derechos, deberes y libertades iguales, sino una tribu uniforme. Esta visión no solo es reduccionista y liberticida, y coarta el derecho fundamental a la libertad religiosa, lingüística, cultural, sexual y de pensamiento, sino que históricamente ha abocado a España al desastre.

Esa España excluyente vive de espaldas al país real, plural y diverso. Si la España exclusiva exige requisitos de fe, lengua, origen o costumbre, cada vez quedarán menos personas que encajen en ella. Y las que encajen en su molde habitarán un país más pobre, rígido e injusto. En esa visión de España, caben cada vez menos españoles, recen a quien recen y procedan de donde procedan.

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