Después del mar, la luz prometida
Opinión | El cuerpo en guerra
Después del mar, la luz prometida
Me he tomado un breve paréntesis de mi vida para pasar cinco días en el mar. Hacía siglos que no tragaba agua en el Mediterráneo y resultó la experiencia que me ha aportado más paz de la última década, todo un regalo por parte de Andrea y Rubén, acompañado de helados veganos, puestas de sol, conversaciones lentas, alguna que otra confesión, despliegue de juguetes antiestrés, comida sana y equilibrada, horas y horas de lectura, largos paseos por la playa... Mi cuerpo a merced de las corrientes marinas.
De repente, bajó el volumen del mundo (¿o acaso desapareció el sonido?). Estaba fuera de todo tiempo y lugar. Todo lo que rememoramos aquellos días parecía haberle ocurrido a otra persona o, al menos, no a mí hace unos meses, y eso que Andrea estuvo allí, conmigo en la UCI... Fue casi más testigo que yo. Durante unos días, la vida no dolió tanto. No había preocupaciones. El móvil no importaba. La agenda médica era cosa de... otra. Me sentía en un estado desconocido.
Y, al volver, la casa no estaba tan vacía ni........
