Eso no se dice
Durante mucho tiempo hubo palabras que no se podían pronunciar sin recibir una condena moral inmediata. Decir autoridad, seguridad, orden, riqueza o incluso derecha equivalía a ser señalado como fascista, autoritario o enemigo de la democracia. No importaba el contexto, la intención o la urgencia de los problemas. La D de derecha era el peor de los estigmas, y asumirla suponía quedar fuera del debate legítimo.
Esto no fue casual. Como lo explicó Jean-François Revel, las ideologías no solo buscan controlar el poder, sino también el lenguaje. Cuando una corriente logra imponer qué palabras son aceptables y cuáles son sospechosas, gana una parte decisiva de la batalla política. Porque quien controla el vocabulario, controla los marcos mentales desde los cuales se piensa la realidad. Autores como George Orwell lo advirtieron con claridad. El lenguaje político, decía, sirve para hacer que las mentiras suenen respetables y para impedir que ciertas ideas siquiera puedan formularse.........
