¿Culillo?
En política, como en el ajedrez, hay movimientos que parecen prudentes pero esconden una renuncia. La negativa de algunos candidatos a asistir a debates, especialmente cuando creen encabezar las encuestas, suele justificarse con un argumento estratégico que, a primera vista, resulta sensato. “Todos van a atacarlo”, dicen los asesores. “No hay nada que ganar y sí mucho que perder”. La recomendación entonces es clara. Evitar el escenario. Reducir la exposición. Administrar la ventaja.
Esa prudencia, llevada al extremo, termina revelando algo más profundo que el cálculo: temor. Es que el debate no es una trampa sino una prueba y quien aspira a gobernar una nación no puede pretender el poder sin atravesar el juicio público de sus ideas, su carácter y su inteligencia. En ese escenario, el candidato no solo responde preguntas, sino que se expone como es, mide su temple frente a la presión, demuestra si puede sostener una posición cuando es atacado, si sabe defenderla sin perder la compostura, si tiene la agilidad mental para........
