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Escudos y “presentes griegos”: el retorno de la antigüedad

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19.08.2026

Arranca entonces una carrera militar por mantener abierta determinadas áreas para algunos mientras se deniega a otros. En el caso de los actores designados como disruptivos apunta a un bloqueo cooperativo de espacios comunes para impedir o limitar seriamente flujos y desplazamientos de sus rivales.

Lejos parecen los días de fines de milenio pasado cuando Estados Unidos, conforme a su tendencia de proyectar su experiencia en un área específica al conjunto de sus relaciones con el resto de América Latina, designaba a México primero y al Chile post Pinochet, enseguida, como los modelos a seguir para la región. La apertura mundial de ambas economías constituyó la piedra arquetípica del plan “Iniciativa para las Américas” de George Bush padre (1990).

Se relativizaba lo que poco más de dos décadas atrás había espetado el todopoderoso secretario de estado Henry Kissinger al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Gabriel Valdés Subercaseux: “nada importante puede venir del sur. La historia no se ha producido jamás en el sur. El eje de la historia empieza en Moscú, continúa por Bonn, cruza hasta Washington y de ahí pasa a Tokio. Lo que pase en el sur carece de importancia”.

El sur pareció volver a provocar el interés de los Estados Unidos, como en 1933 con la política del “buen vecino” o en 1961 con la Alianza para el Progreso de Kennedy. No es que Washington no persiguiera beneficiarse, sino que la coacción de otros tiempos se reemplazaba por dinámicas más dialógicas.

Pero luego de los ’90 del siglo pasado vinieron la caída de las torres, la Guerra contra el terror, la crisis subprime,........

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