Chile, vino y territorio: la oportunidad de pensar la gastronomía como proyecto país
Durante décadas, viajar por Europa ha significado recorrer territorios donde la gastronomía, el vino y el paisaje forman parte de una misma narrativa cultural. En Francia, Italia o España, las rutas del vino no son solo experiencias turísticas: son políticas de Estado, motores de desarrollo regional y plataformas de identidad nacional. Borgoña, Toscana o La Rioja no se explican únicamente por sus botellas, sino por la red de productores, cocineros, hoteles rurales, caminos históricos y comunidades que sostienen un ecosistema económico completo.
Chile —con su geografía única entre el Pacífico y la cordillera de los Andes— tiene todo para construir una narrativa similar. Pero aún no ha terminado de asumir que su gastronomía y su vitivinicultura no son solo industrias productivas: son una oportunidad estratégica de posicionamiento internacional.
Hoy existen más de 220 viñas abiertas al turismo en el país, cifra que crece de forma sostenida. El fenómeno no es menor. Cada visita a un viñedo activa una cadena económica que incluye transporte especializado, hotelería rural, restaurantes, guías, productores locales y artesanos. En regiones como el Valle del Maipo, Colchagua o Casablanca, el vino ya funciona como una puerta de entrada a economías........
