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Antes de votar, revisa tu algoritmo

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01.03.2026

Si usted tiene la intención de votar en las próximas elecciones al Congreso este 8 de marzo, en las consultas presidenciales o en la elección del próximo presidente de Colombia, hay algo que debe entender antes de marcar cualquier tarjetón: usted no solo decide frente a candidatos. También decide dentro de un entorno digital preparado.

Su algoritmo. Ese que sabe qué le gusta, qué le indigna y qué lo mantiene conectado. Ese que no fue creado para fortalecer la democracia, sino para maximizar su tiempo en pantalla. Por supuesto que todas las campañas políticas lo saben. Desde la elección de Donald Trump en 2016 y el escándalo de Cambridge Analytic, quedó claro que la política en lo digital dejó de ser espontánea. Es ciencia de datos, segmentación psicológica, mensajes distintos para públicos distintos. No todos ven lo mismo. Cada ciudadano recibe una versión personalizada y, obviamente, parcial del debate. Eso, gracias a la microsegmentación a la que usted es sometido, sin darse cuenta, pero a la que llegó gracias a los likes que deja en las publicaciones o sus huellas digitales en los motores de búsqueda. En Brasil, la estrategia digital que impulsó a Jair Bolsonaro a la presidencia mostró cómo la viralización en redes y mensajería privada puede construir realidades paralelas. Contenidos emocionales, simplificados y altamente compartibles terminaron moldeando percepciones y favoreciendo esa campaña. El algoritmo premia la reacción. Y lo que más reacción genera suele ser lo que más divide. En Colombia ya estamos inmersos en ese clima: videos editados maliciosamente, frases fuera de contexto, audios reenviados como verdades absolutas, titulares sensacionalistas diseñados para encender la indignación. No sabe uno qué creer. El algoritmo no prioriza lo verdadero, sino lo más interactivo. Y cuando algo aparece una y otra vez en su pantalla, empieza a parecer cierto, aunque no lo sea. El riesgo no es que exista propaganda. El riesgo es que ahora es dirigida, personalizada, silenciosa y difícil de rastrear. Podemos estar convencidos de que formamos una opinión libremente, cuando en realidad estamos reaccionando a estímulos cuidadosamente distribuidos. Estamos perfilados y alguien, al otro lado de la pantalla, aprovecha esa información para indicarnos el camino a seguir, es lo que se llama el túnel de conversión. Por eso, antes de votar, hay que hacer una pausa. Pregúntese: ¿Estoy compartiendo información verificada? ¿He contrastado fuentes? ¿Conozco la trayectoria real de ese candidato más allá de las redes? ¿Estoy evaluando idoneidad, capacidades y resultados, o solo emociones? Ojo: el algoritmo busca que usted sienta algo inmediato; la democracia necesita que pensemos bien. El acto más responsable no es elegir rápido. Es informarse mejor. Dudar con criterio. Verificar antes de compartir. Revise su algoritmo. Revise sus fuentes. Revise a su candidato. No es un consejo, es apenas una recomendación: que su voto lo decidan los hechos, no la pantalla. * Jefe del programa de Comunicación Social - Unisinú.


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