Reconversión y valor agregado: el nuevo rostro del agro en el Caribe colombiano
En las fincas del Caribe se juega mucho más que una cosecha: nos jugamos el salto de una agricultura de subsistencia a verdaderos agronegocios capaces de competir en el mundo y garantizar la seguridad alimentaria de Colombia.
La pregunta no es si tenemos tierra o clima —eso sobra—, sino si seremos capaces de reconvertir el modelo productivo, construir cadenas de valor y capturar el valor agregado que hoy, demasiadas veces, se queda por fuera de la región. El mercado global de frutas tropicales sigue creciendo y abre oportunidades para quienes cumplen con calidad, trazabilidad y logística. En 2023, el comercio mundial de mango, piña y papaya alcanzó más de USD 10.000 millones, con una dinámica positiva para mango y piña y una leve contracción en papaya, prueba de que la demanda se mantiene firme pese a un entorno climático adverso (FAO, 2024). La OCDE-FAO proyecta que el consumo de estas frutas seguirá en ascenso, impulsado por la búsqueda de alimentos saludables, sostenibles y con mayor procesamiento. El Caribe tiene todo para ser protagonista, pero aún no ha dado el salto hacia la competitividad. Las ventajas comparativas están a la vista: contamos con potencial productivo en coco, marañón, mango, piña, papaya, patilla, melón y plátano, todos con mercados internacionales y consumo nacional. El coco es mucho más que agua y aceite: de él derivan harinas y leches vegetales, carbón activado, fibra para sustratos agrícolas, cosmética natural y........
