San Marcos: un anónimo del coronel
Hay pueblos que huelen a correo atrasado, donde las casas no se construyen para vivir, sino para ver pasar la muerte sin saludarla.
Décadas más tarde, frente a las aguas de una ciénaga que evocaba naufragios, la revelación fue amarga: San Marcos nunca fue una herida abierta que el tiempo se resistía a cicatrizar. Al mediodía, el sol era una condena de plomo; una herencia de fuego que mantenía a los vivos clavados al suelo, aguardando milagros que nacían muertos. Bajo el sopor de esos días estancados, el pueblo se estiraba a orillas del agua, animal exhausto que,........
