menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Cumpleaños de Gabito

11 0
yesterday

Hace 6 años se confirmó en Colombia el primer contagiado de aquel misterioso virus que obligó al mundo a estar encerrado durante meses.

Yo vivía en Medellín y aquella tarde, como en los meses anteriores, celebramos la tertulia del viernes con un variado grupo de amigos. Casi siempre nos reuníamos en el apartaestudio amoblado que habitaba este servidor, en el tradicional sector de Calasanz. Había sobre todo amantes de las letras, pero también artistas y políticos. Uno de nosotros, un notable joven del Caribe recién llegado al Concejo de la ciudad, tomó la palabra y llevó la conversación a un tema de candente debate político, en el que cada uno expresó su criterio, al calor de los vinos y de la buena música. Hubo sana confrontación de las ideas, en un ambiente propicio para el cariño y el respeto. Pero el tema de esa semana era un cuento de Gabriel García Márquez y tristemente quedó en el olvido, a pesar de las advertencias. Al concluir la tertulia, la noche llevaba buen camino. Bajamos del noveno piso hasta el primero y al abrirles la puerta del edificio, antes de que se subieran en los carros que los esperaban, alcancé a decirles una frase que venía rondando mi cabeza: "Hoy perdió García Márquez". No volvimos a reunirnos por el tal covid-19. Intentamos hacer tertulia virtual, pero el grupo se disolvió porque los asuntos políticos nos distanciaron y no fue posible regresar. Cuento esto con frustración, porque aquella bonita tertulia giraba al principio en torno a la literatura, pero acabó mal porque se centró en la política. El arte une, la política divide. Lo digo hoy, días antes de las elecciones al congreso de la res pública (sic), en el aniversario 99 del natalicio de nuestro Nobel de Literatura. Gabriel García Márquez fue un excelente narrador de historias, pero con ideas muy cuestionables. Hay que decirlo sin misterios: su afán de estar siempre cerca de los poderosos nos revela a un hombre con prejuicios de origen y complejos que no pudo superar. Gabito es el ejemplo perfecto de la esquizofrenia marxista: ateo mientras el avión no entre en turbulencias y defensor de los pobres hasta hacerse millonario. Si le hiciéramos un examen ideológico, el autor cataquero saldría muy mal librado. Las dictaduras que apoyó y promovió, están cayendo como dominó. Por crueles y obsoletas. Hoy sabemos que las ideas marxistas solo han producido ruina y millones de muertos. El marxista de estos tiempos solo inspira vergüenza y risa. Como aquellos viejos compañeros de tertulia que, inspirados en un tal "comandante Aureliano", ahora aspiran al senado, la cámara y otros polvos.


© El Meridiano