Entre la desconfianza y la esperanza institucional
La mayor crisis de Venezuela no es eléctrica, económica, ni siquiera política. Es una crisis de confianza. La desconfianza atraviesa la relación de los ciudadanos con el Estado, con las instituciones e incluso con los mecanismos de participación pública. Se expresa en la sensación de que las reglas cambian según las circunstancias, de que las decisiones se toman lejos de la gente y de que los derechos dependen más de quien se es que de lo que establece la Ley.
Para muchos venezolanos, el Estado es sinónimo de un trámite interminable, un permiso que nunca llega o tarda meses en llegar, y la incertidumbre de una fiscalización cuyos criterios nadie conoce con claridad. También aparece en el temor a la arbitrariedad, cuando quienes deberían garantizar el cumplimiento de la ley parecen actuar sin controles ni límites claros. En lugar de ser una garantía para el ciudadano, el Estado suele percibirse como una estructura omnipresente que impone obligaciones pero ofrece pocas certezas.
Durante años hemos vivido en una realidad donde las instituciones han sido percibidas más como instrumentos al servicio del poder que como mecanismos para proteger derechos y promover el........
