“Que coman pasteles” y otras curiosidades del siglo XVIII
¿Puede una frase hacer que se desmorone un imperio? Parece que sí.
La insolente boca de María Antonieta lo logró en la Francia que se preparaba para la Revolución y que le costaría su propia cabeza en 1793. París y Francia eran una “sociedad de la información” que estaba pendiente de todo lo que se decía y no se decía en el Palacio de Versalles. Toda sociedad construye su sociedad de la información. Y fue a través de ella que el pueblo llano parisiense se enteró de la frase de la odiada, derrochadora y extravagante reina austriaca.
En esos días ya lejanos las canciones que se burlaban de la Iglesia Católica y del rey Luis XV funcionaban como una especie de periódicos orales. Eran miles y todas las semanas aparecían nuevas canciones con nuevas letras sobrepuestas a melodías antiguas. Era música política. En 1749 una canción derrocó a un poderoso ministro de la corte, el Conde de Maurepas, quien era sospechoso de haber compuesto una canción donde se decía que el rey Luis XV había sido contagiado por una enfermedad venérea.
Estas subversivas canciones y otros chismorreos eran vaciados en un lugar central del París prerrevolucionario: el Árbol de Cracovia, al cual me he referido antes.
Pero no solo las canciones revoltosas eran perseguidas por unos 3.000 espías al servicio del rey que merodeaban París, La Enciclopedia, gigantesca obra en 17 volúmenes también fue censurada y perseguida. El genio popular consigue que esta monstruosa obra sea accesible por entregas breves y entendibles a las ávidas manos del populacho. Se hizo de tan ingeniosa manera enormemente popular la Enciclopedia y ampliamente difundida. La Enciclopedia, obra de Diderot y D’ Alembert fue un “suceso escandaloso”, y la condena de la Iglesia Católica........
