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El diablo de Guanabara

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05.06.2026

Su nombre completo era Aparecido de Silveira Gama, pero a bordo de El Cornamusa lo conocían simplemente como el diablo de Guanabara. Nadie supo con certeza cómo fueron a parar sus huesos a Portobelo. Algunos corsarios, en todo caso, decían que había nacido al otro lado del mar, en una barriada de gitanos a orillas del Guadalquivir. Otros, que era uno de los hijos bastardos del calafate de Magallanes. En este punto debo reconocer que el apego a la verdad nunca ha sido una prioridad de filibusteros. De cualquier forma, parece que luego de sobrevivir a las galeras de Su Majestad pasó a convertirse, de algún modo secreto, en el discípulo más aventajado de un exiliado maestro del chamanismo tibetano.

Un buen día, el aprendiz de diablo pareció dejar atrás su madeja de creencias y, con la antigua flauta ritual de su maestro, una de las más curiosas chirimías que se escucharían en el Nuevo Mundo, se embarcó en un navío mercante en Sanlúcar de Barrameda. Al principio pensó que el vértigo y las náuseas no le permitirían ir más allá de las Azores. Sin embargo, descifrando el instrumento bajo las estrellas, se fue acostumbrando a la sonoridad traversa del bambú, al gorjeo enigmático de las Pléyades, al aullido del viento en el velamen, al crujido de la arboladura, a los lamentos del maderaje, a la tufarada mortecina de los sargazos en la aurora. Todo, hasta comprender, sobrecogido, muerto de miedo, que navegaba presuroso al encuentro de sí mismo.

Al atracar en La Habana hubiera podido dedicarse a cualquier oficio en unas tierras en donde casi todo estaba por hacerse. Pero fue el llamado de la piratería el que terminó por imponerse. Así, luego de forajidos años de pillaje, bandolerismo y bellaquería, que ya otros han tenido ocasión de referir, el diablo de Guanabara puso de manera clandestina su temible bota en Cartagena de Indias. Una vez allí, no tardó en iniciar tratos carnales con la hechicera de Caracolí, reputada vidente que apenas unos meses antes había predicho el hundimiento del galeón San José. Talentos que de nada valieron, porque del propio lecho de la adivina lo sacó a rastras el Santo Oficio poco antes de los pitos de la Nochevieja de 1708.

Aparecido de Silveira Gama fue acusado de amasar una inmensa fortuna en sus infames incursiones. Se le sindicó de capitanear una fragata de tres mástiles conocida en todo........

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