La IA y Dios
La inteligencia artificial llegó para quedarse. Está en nuestros teléfonos, en el trabajo, en la educación y hasta en la manera como buscamos respuestas que antes hacíamos a una enciclopedia, a un libro, a un maestro.
Y aquí aparece una pregunta que no podemos esquivar: ¿hasta dónde vamos a permitir que la inteligencia artificial piense por nosotros?
La IA puede ayudarnos, orientarnos, organizar información, detectar patrones, escribir, crear y resolver problemas. Es una herramienta extraordinaria. Pero sigue siendo eso: una herramienta. No puede convertirse en dueño de nuestra voluntad, criterio ni conciencia.
No podemos depender cien por ciento de la IA. Si llegamos al punto en que consultamos una máquina para decidir qué pensar, qué sentir, qué........
