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Hasta aquí, señor Putin

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18.08.2026

Hace tiempo llamé a Ucrania la nueva Numancia. Vladimir Putin había decidido representar el papel de Roma: ejército gigantesco, vocación imperial y la certeza de que aquella pequeña nación desaparecería apenas escuchara sus tambores. Kyiv caería en tres días, Zelenski huiría y los ucranianos recibirían a los invasores con flores. Más de cuatro años después, Ucrania sigue allí, Zelenski también y las flores han sido sustituidas por drones. El único detalle pendiente es avisarle al emperador que la función ya terminó.

El general estadounidense Jack Keane acaba de decir algo que en Europa todavía provoca carraspeos diplomáticos: el ejército ucraniano es hoy, por mucho, el mejor del continente. Ningún otro se le acerca. Francia y Reino Unido poseen armas nucleares; otras naciones tienen aviones, barcos y generales espléndidamente uniformados. Ucrania posee algo bastante menos decorativo: sabe combatir. No lo aprendió en congresos sobre seguridad ni mediante simulaciones organizadas en hoteles de Bruselas. Aprendió bajo los misiles, entre ciudades arrasadas y mientras sus soldados descubrían que el manual de instrucciones de la OTAN suele llegar varias semanas después del ataque ruso. Ha convertido drones comerciales en armas, talleres improvisados en centros de innovación y una invasión concebida para exterminarla en la mayor escuela de guerra del siglo XXI.

Rusia, entretanto, continúa practicando su particular interpretación de la diplomacia. En una sola semana lanzó contra 13 regiones ucranianas más de mil 550 drones de ataque, cerca de mil 560 bombas aéreas guiadas y 62 misiles. Más de 3 mil artefactos en siete días. Es la versión putiniana de una propuesta de paz: primero destruye la casa, después pregunta si sus habitantes estarían dispuestos a conversar en........

© El Heraldo de México