Habermas y el Plan B
Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Jürgen Habermas tenía 16 años. Educado como protestante, su abuelo era director de un seminario, su padre miembro del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei. La guerra y, al parecer, un defecto físico lo marcaron y sembraron en él la desconfianza por el poder irracional y absoluto, mientras lo llevaron también a convencerse de la importancia de la democracia y la comunicación como sostén de la misma.
Para el teórico, muerto hace unos pocos días, la legitimidad de las decisiones públicas y de las leyes proviene de los argumentos, la calidad del diálogo, de las razones expuestas, y no de la mayoría de votos. Incluso varias de sus frases resumen su aversión a la........
