Violencia vicaria y senderos seguros: una misma causa
La historia de una mujer que no corre, pero tampoco va tranquila. Aprendió que cuando cae la noche hay calles que es mejor atravesar sin detenerse. En su bolsa lleva las llaves entre los dedos, como muchas mujeres lo hacen sin pensarlo. Es una costumbre que probablemente no se enseña, pero que sí se termina por aprender.
Todos los días regresa por el mismo camino. Pasa por una calle poco iluminada, cruza un parque donde nunca hay gente y acelera el paso antes de llegar a la avenida principal. El trayecto dura apenas diez minutos, pero para ella se siente una eternidad.
Como ella, millones de mujeres en México cambian su vida cotidiana por miedo. Ocho de cada diez mujeres no se sienten seguras caminando por las calles. El miedo se vuelve rutina. Se aprende qué calles evitar, qué transporte tomar y a qué hora es mejor regresar. Y hay otro tipo de violencia que ella también conoce. No ocurre en la calle, sino en su vida familiar.
Después de separarse de su pareja, comenzaron las amenazas: no eran golpes ni insultos directos, eran frases frías y calculadas: “Te voy a quitar a los niños”. “No los vas a volver a ver”. “Ellos van a saber quién eres realmente”. Eso tiene un nombre: violencia vicaria.
Ocurre cuando un agresor utiliza a las hijas o hijos para dañar emocionalmente a una mujer. Puede manifestarse mediante amenazas, manipulación de los menores, ocultamiento o incluso procesos legales utilizados para quitar la custodia. El daño no se dirige solo a niñas y niños; el objetivo es lastimar a la madre.
Durante mucho tiempo, esta violencia fue invisible. Muchas mujeres la denunciaban, pero no existía una forma de nombrarla ni de sancionarla. Hoy, en el Estado de México, eso comienza a cambiar.
En el Congreso Local se aprobaron tres iniciativas presentadas por diputadas del Partido Verde, el cual me honro en coordinar. El objetivo es reconocer y sancionar la violencia vicaria en la legislación estatal. Con esta reforma se busca visibilizar esta forma de violencia y establecer consecuencias legales para quienes utilicen a las hijas o hijos como instrumento para dañar a las mujeres.
Pero la seguridad de las mujeres no se limita al ámbito familiar. También se construye en los espacios públicos. Caminar de noche implica muchas veces calcular riesgos: observar la iluminación, la presencia de personas o los espacios abandonados.
Los senderos seguros, también impulsados por gobiernos del Partido Verde, buscan recuperar los trayectos cotidianos mediante iluminación y mejora del espacio público. En municipios como Tenango del Aire, se han intervenido vialidades clave para garantizar caminos más seguros y transitables y la idea es llegar no solamente a los 19 municipios gobernados por nosotros, sino que se convierta en un referente para todos los 125 municipios mexiquenses
La violencia contra las mujeres tiene muchas caras, pero en el fondo en muchas ocasiones busca lo mismo: limitar su libertad. Por eso estoy convencido de que una sociedad justa no es aquella donde las mujeres aprenden a protegerse. Es aquella donde ya no necesitan hacerlo.
Por eso seguiremos trabajando, haciendo todo cuanto nos sea posible, por ayudarlas a lograrlo.
PRESIDENTE DEL PVEM EN EL ESTADO DE MÉXICO
