T-MEC: El tratado que dejó de ser comercial
Durante más de tres décadas, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y, posteriormente, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), fueron entendidos como instrumentos destinados a facilitar el intercambio de bienes, atraer inversiones y fortalecer la integración económica regional. Hoy esa interpretación resulta insuficiente. La revisión del T-MEC prevista para 2026, no gira únicamente en torno a reglas de origen, aranceles o mecanismos de solución de controversias. Lo que realmente está en juego es el papel que Norteamérica desempeñará en un mundo marcado por la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.
El debate ya no consiste en determinar si el tratado debe prolongar su vigencia por otros dieciséis años. La discusión de fondo es si el T-MEC continuará siendo un acuerdo comercial o si terminará consolidándose como el principal instrumento mediante el cual Estados Unidos reorganice su entorno estratégico inmediato para fortalecer su posición frente a la mayor competencia geopolítica del siglo XXI, que es China.
La globalización que predominó desde la década de los noventa descansaba sobre una premisa sencilla: producir donde los costos fueran menores y distribuir eficientemente a escala mundial. Ese modelo permitió la consolidación de extensas cadenas globales de suministro, muchas de ellas concentradas en Asia y particularmente en China. Sin embargo, la pandemia, las tensiones comerciales, la guerra en Ucrania y la creciente rivalidad tecnológica entre Washington y Pekín evidenciaron que la eficiencia económica no siempre garantiza la seguridad estratégica.
A partir de ese momento comenzó una transformación profunda. El comercio dejó de ser únicamente un mecanismo para generar crecimiento económico y pasó a convertirse en un componente esencial de la seguridad nacional. Conceptos como nearshoring,........
