Contar bien para contar
Durante años asumimos que los datos bastaban para dialogar con objetividad. Pero si algo sabemos ahora –y tenemos tiempo intentando subsanar– es que el sujeto de estudio por default todavía suele ser el hombre. Sí, en masculino.
Cuando tenemos datos que no están desagregados por algo tan básico como el género, la duda es inevitable. Si analizamos, por ejemplo, la violencia contra candidaturas sin distinguir por ubicación geográfica, afiliación política, identidad étnica y género, ¿qué tanto podemos realmente comprender? ¿Qué dimensiones permanecen invisibles? ¿Qué riesgos quedan sin atender?
Se suele decir que lo que no se mide no se puede mejorar. En sociedades desiguales y patriarcales como las que todavía imperan en el mundo, esta afirmación adquiere un sentido urgente. Si no entendemos cómo, dónde y cuándo ocurre aquello que buscamos atender, difícilmente podremos avanzar respuestas firmes y contextualizadas.
Ahí radica el........
