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La silla vacía

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08.06.2026

No se sabe si a la presidenta Claudia Sheinbaum le gusta el futbol, pero lo que sí se sabe, por sus acciones, es que le da escozor lo que representa como negocio. El futbol es, desde su nacimiento, una empresa privada administrada por la FIFA, que lo ha expandido y ha hecho de la asistencia a los estadios, sobre todo en la Copa del Mundo, un privilegio para los que más tienen o para quienes están dispuestos a endeudarse. Como nunca antes, el Mundial levantó fuertes quejas por el alto costo de los boletos en México y Estados Unidos.

Sheinbaum no asistirá a la inauguración, y como gesto de empatía social, le regaló su boleto a una niña indígena futbolista. Fue una jugada política que hay que ver como los goles en el futbol, atrás de la portería. Para las imágenes es perfecto. El símbolo es de rechazo al cuestionado negocio del futbol, austeridad republicana e inclusión. Para la narrativa, fue superior a respetar los protocolos diplomáticos y acompañar a Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, contra quien jugará México en la inauguración, quien hasta ahora no ha cancelado su asistencia. Pero para la memoria de este sexenio, la realidad, menos romántica, será su miedo al abucheo.

No es la primera vez que un presidente mexicano le tiene miedo al repudio, pero sí será la primera que prefirió guardarse antes que exponerse y escuchar el grito de la gente. Gustavo Díaz Ordaz inauguró los Juegos Olímpicos de 1968, 10 días después de la matanza de Tlatelolco, bajo los gritos de asesino. Miguel de la Madrid inauguró la Copa del Mundo de Futbol en 1986, con la furia del público........

© El Financiero