G7: el jefe en Versalles y el poder sin pudor
La cumbre del G7 en Évian-les-Bains, Francia, pudo haber sido recordada por su agenda: seguridad energética, Ucrania, el Estrecho de Ormuz, minerales críticos, inteligencia artificial, protección infantil en plataformas digitales, narcotráfico marítimo, cadenas de suministro y el equilibrio en el Indo-Pacífico.
Sin embargo, terminó convertida en una postal de la nueva diplomacia internacional, menos institucional, menos previsible, menos regida por valores compartidos y mucho más dependiente del temperamento de los líderes.
El dato inicial lo dice casi todo. La agenda del G7 fue retrasada un día para esperar a Donald Trump, quien permaneció en Washington para celebrar su cumpleaños 80 con un espectáculo de artes marciales mixtas en la Casa Blanca. La política del espectáculo impuso sus tiempos sobre la diplomacia multilateral.
Cuando finalmente llegó a Évian, Trump paseó como “Pedro por su casa”. En una de las sesiones, ante los líderes del G7 y los titulares de organismos financieros internacionales, llegó tarde y soltó una frase que, aunque podía parecer broma, funcionó como declaración de método: “Soy el jefe”.
Algunos rieron, otros entendieron el mensaje. En el nuevo orden, Washington ya no busca........
