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Desarbolando patrañas y remachando verdades

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13.05.2026

En enero, cuando la extrema derecha nacionalista y conspiranoica estadounidense -montada en la publicación ese mes de un libro panfletario y amarillista (El Golpe de Estado Invisible) de un autor perteneciente a esos círculos- comenzó a cilindrar la especie de que los consulados mexicanos eran una suerte de cabeza de playa para la “reconquista” de territorio perdido en 1848, o que fungían como agentes encubiertos de interferencia en la política interna de Estados Unidos de la mano del Partido Demócrata, advertí de la importancia de que el gobierno mexicano saliese en una ofensiva de comunicación estratégica y diplomacia pública a desarbolar esas patrañas. A la vez, también alertaba que la labor de proselitismo y movilización a favor del partido en el poder en México -violatoria de la Ley del Servicio Exterior Mexicano- por parte de números récord de titulares de consulados designados durante los últimos siete años y pertenecientes a MORENA, estaba contaminando esas percepciones de la acción consular mexicana. Ahora, ante la noticia de que el Departamento de Estado ha iniciado una revisión formal de los 53 consulados mexicanos en territorio estadounidense, revisión que podría derivar en el cierre de algunos de ellos, el futuro ya nos alcanzó.

La medida trae doble correa. Por un lado, claramente es una herramienta de presión: el cierre de consulados como praxis diplomática típicamente ha sido una señal inequívoca de que una relación bilateral no va bien o una medida de represalia, que a su vez generalmente conduce a acciones espejo por parte del país afectado. En años recientes, los cierres de representaciones consulares en EE.UU han ocurrido en contextos de confrontación abierta con naciones percibidas por Washington como adversarias. En 2020, la primera Administración Trump ordenó el cierre del consulado chino en Houston, aduciendo espionaje y hurto de propiedad intelectual; en 2017, cerró el consulado ruso en San Francisco y dos oficinas diplomáticas adicionales en respuesta a la expulsión de diplomáticos estadounidenses de Moscú. Que esa misma lógica -la del adversario- se aplique ahora con México, su principal socio comercial, su primer destino de exportaciones y su mayor fuente de importaciones y una de las relaciones bilateral más importantes para Washington en el mundo, debería estar prendiendo todas las alarmas en el gobierno mexicano y entre quienes en EE.UU entienden la importancia y relevancia de la relación para la prosperidad, seguridad y el bienestar de los estadounidenses. El que además ocurra ahora, cuando la relación bilateral atraviesa semanas de turbulencia, coloca a la agenda México-EE.UU en su peor encrucijada desde 1985, cuando el choque frontal de visiones geopolíticas y diplomáticas -en plena Guerra Fría- entre ambas naciones por los conflictos centroamericanos se sumó a la tortura y asesinato de un agente de la DEA en........

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