Un Estado miserable
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El colombiano es un Estado miserable. Lo era bajo el poder de la llamada derecha, y lo sigue siendo bajo el poder de la llamada izquierda. Y tal vez ambas denominaciones son falsas, porque ni la derecha le da al país seguridad y estabilidad institucional, ni la izquierda le da inclusión verdadera ni equidad nacida de una orientación en grande de la economía productiva.
El orden jurídico formal del país ha sido de un apego maniático, no al principio de la justicia, sino a la letra de las leyes, aplicada siempre a legitimar arbitrariedades: el orden de injusticias heredado de la Colonia, hecho a partir del despojo y del ninguneo; el orden de injusticias heredado de la Independencia, que repartió entre los generales las tierras de los españoles; y el orden de injusticias labrado en el forcejeo salvaje de las guerras civiles del siglo XIX.
Un amigo mío solía repetir que había estudiado Derecho, pero que al final lo abandonó por amor a la justicia. ¿Quién ignora en este país de abogados que aquí la ley y la justicia no se parecen en nada? ¿Quién ignora que aquí el peso de la ley (con el que tanto amenaza este señor Abelardo) solo cae con inclemencia sobre los que nunca fueron protegidos por la ley? ¡Para que ahora vengan a decirnos que la gran solución son cárceles más grandes!
¿Quién ignora que todos los desórdenes del presente son la herencia de largas y bien elaboradas injusticias? Pero eso no significa, como lo piensan el actual gobierno y sus enérgicos enemigos, que todo se corrige cobrando una a una deudas viejas, delitos herrumbrados y crímenes fosilizados. Porque esto........
