La esperanza y la gota de leche
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Tal vez los dos políticos del siglo XX que más recuerda el pueblo colombiano son Jorge Eliécer Gaitán y Gustavo Rojas Pinilla. A Rojas lo recuerdan por lo que hizo y a Gaitán por lo que prometió y no pudo hacer.
Nadie olvida que en solo cuatro años Rojas ayudó a los pobres como nunca, construyó carreteras y aeropuertos, trajo a Colombia la televisión, y les hizo sentir a muchos excluidos que por fin se abría un espacio para ellos en el orden de la república. Gaitán estremeció al país con su oratoria, encarnó una indignación largamente incubada, denunció la violencia que crecía, y más que hacer discursos para el pueblo iba haciendo nacer ese pueblo con sus discursos como una fuerza inspirada y consciente.
El asesinato de Gaitán dejó la esperanza en el aire y desencadenó la Violencia. Después la torpeza de las élites ante la desproporción de esa violencia llamó a Rojas para que pacificara el país. Este renovó la costumbre de emprender negociaciones con los rebeldes armados mientras se extralimitaba en sus facultades, sucumbía a la corrupción, y era depuesto por iniciativa de las mismas élites que lo habían inventado.
Pero el pueblo nunca olvidó esa pausa generosa y eficiente en la dominación de una casta más bien indigna. Nadie olvidó su programa de la gota de leche, ni sus campañas de beneficencia, ni el hecho de que le hubiera concedido a las mujeres el derecho al voto, porque el pueblo percibe con claridad inmediata la diferencia que hay entre recibir palo y recibir ayuda.
Sabemos que, 13 años después de haber sido depuesto, Rojas Pinilla fue........
