El autor intelectual de una muerte natural
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El edificio del congreso se ha convertido en lo que en las películas de vaqueros era la frontera de Estados Unidos con México. Los perseguidos cruzaban esa raya divisoria entre los dos países y se podían sentar a burlarse de los sheriffs americanos que venían detrás durante varios días, y ahí tenían que frenar, aunque tuvieran a un metro al fugitivo. Entonces se devolvían.
Es lo mismo que hace Paloma Valencia: desde su curul se permite decirle cosas horribles a Iván Cepeda. Por ejemplo, en diciembre le gritó en el Senado, en tono patético: “¡no me vaya a mandar a matar, senador Cepeda!”. Ella dijo después “yo qué hago, si el senador Cepeda no quiere asistir a los debates por televisión”. Supongo que es porque en televisión sí puede decir esos exabruptos sin........
