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La encíclica de León XIV desafía el optimismo tecnológico

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09.06.2026

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La nueva encíclica ‘Magnifica humanitas’ es un documento profundo y sustentado de filosofía política que concluye que la inteligencia artificial debe ser regulada si se quiere proteger la libertad, la dignidad humana y el beneficio común.

En 1891, en su encíclica Rerum novarum, León XIII sentaría las bases de la doctrina social de la Iglesia, que estableció una postura ante los problemas derivados de la Revolución Industrial, relacionados en especial con la explotación laboral, la pobreza y los conflictos entre capital y trabajo. Desarrolló una tesis muy novedosa porque mostró que la Iglesia, además de los temas divinos y religiosos, también tenía que reflexionar y dialogar sobre lo humano. 135 años después, el papa León XIV publica Magnifica humanitas, una encíclica que expresa la gran preocupación de la Iglesia ante la concentración del poder tecnológico en un pequeño grupo de personas que están decidiendo sobre lo que pensamos, hacemos y sentimos a través del manejo de algoritmos ocultos. El premio Nobel de economía en 2024, Daron Acemoglu, afirmaba al respecto que “nunca habíamos tenido empresas tan poderosas que manejaran las fibras de nuestra sociedad”.

Estamos expuestos al peligro de que los dueños de las tecnológicas impongan sus propios y particulares intereses políticos, económicos y culturales sobre toda la población y que, al hacerlo, violen la dignidad humana, los derechos o la soberanía de las naciones. El papa León XIV cita a la filósofa Hannah Arendt para concluir que estamos marchando inexorablemente hacia el totalitarismo si perdemos el interés por descifrar la verdad y subvaloramos el papel de la ciencia. Es por lo anterior que la nueva encíclica pide “desarmar” la inteligencia artificial, ya que, si no lo hacemos, podemos estar ante inminentes peligros para la humanidad: se generalizarían las guerras, se ampliarían las desigualdades, se extenderían las violencias y se degradaría la vida de inmensos grupos humanos. Al tiempo que la encíclica pide perdón por........

© El Espectador